Jaén ‘lo flipa’ en colores

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Dellafuente llevó su ciudad en la espalda en la vecina Jaén. Fotografía: Estéfano Serrano.

Eran las dos de la tarde del sábado 1 de abril y ya se veían mareas de adolescentes bajando en el mismo sentido por las largas cuestas de la capital de Jaén. Destino: ColorsTribe Festival 2017.

Jóvenes que parecían fotocopias: camiseta blanca, ellas en la mayoría con trenzas de raíz, ellos con camisetas cortadas de los hombros a los bolsillos (miento si digo que no me recordaron a aquellos años cuando la vestimenta del programa televisivo “Fama, ¡a bailar!” se hizo tendencia. La moda es cíclica, señores.) Lo más destacado: todos llevaban bolsas de botellón. En la mayoría, jóvenes de unos 16-17 años con botellas de marcas potentes, no estamos hablando de litronas o botellas de tinto. La marea cada vez era mayor.

A las 15:00h comenzaba este festival de los colores, característico por el cambio radical que se produce al entrar y al salir. Entras limpito y sales con más colores que un cuadro de Van Gogh, debido a los polvos que manchan todo y a todos, dejando un arcoiris entre sus asistentes. Ya el año pasado en su primera edición se posicionaron como el festival de música electrónica más multitudinario del país: más de 11.250 personas reunidas en el recinto provincial de Ferias y Congresos de Jaén (IFEJA).

Este año no iba a ser distinto: se hacía un sold out de las 10.000 entradas anticipadas dos días antes del festival, cerraban con 11.000 personas y de nuevo se hacía récord nacional. Sin embargo, este año no le parecía bien a todo el mundo.

¿Cuál es el problema de un festival apartado del centro, sin riesgo de molestia de ruido, con aparcamiento propio del festival, un acuerdo con los autobuses urbanos de la capital y todos los papeles en regla? Que, pese a que todo era legal y los tutores de los menores de 18 años debían firmar un documento de permiso, además de que la pulsera acreditativa del evento indicaba la minoría de edad para no venderles alcohol dentro del recinto, los olivos colindantes al IFEJA se llenaron de un macrobotellón en el cual destacaban los menores. Digo olivos porque la policía local prohibió a los asistentes del evento que quisieron hacer botellón en el Ferial, sitio legalmente autorizado en la capital para esta actividad.

Pero pese a que había adultos, y muchos, en las masas de gente que asistían al ColorsTribe destacaban los menores. Un caos de niños (porque aún lo son) borrachos, peleándose y dando el espectáculo en lugar de lo que debía ser un festival musical bebiendo coca colas (como seguro que sus padres esperaban).

Como periodista y redactora, hubo algo que me llamó especialmente la atención, y es que la mayoría de personas que estaban fuera haciendo botellón, entraron al recinto a partir de las ocho de la tarde. Recordemos que el horario del festival era de 15:00h a 01:00h. Le di muchas vueltas, “¿pagan 20 euros por aprovechar un par de horas?”. Así es, la música importaba poco. Me estaré haciendo mayor, pero yo con 16 años si tenía la posibilidad de ir a un concierto siendo menor, la aprovechaba.

Le pregunté a Lorena, de 17 años, la cual me dijo una docena de veces que su cumpleaños había sido hacía un par de días y esta era su celebración: “Los jóvenes necesitamos esto. Qué más le da a la gente que bebamos fuera, no es ilegal. Mira la policía allí, no nos dicen nada por estar aquí. Además, dentro ya no se puede beber porque mi pulsera no es naranja”. Y es que es así como se diferenciaba a los adultos de los menores: si eras adulto, pulsera naranja. Si eras menor, gris. No podías quitártela porque era tu entrada al Festival, por tanto, era imposible que se les vendiera alcohol haciéndose pasar por adultos. Lorena tenía una amiga, María, que sí tenía 16 años. Una niña del 2001. Conste a los lectores que me costó entrevistar a los jóvenes y eso que yo no paso de los 23 años. A la chica tuve que sujetarla: “He bebido ron. Ron… y yo qué sé que más. Pero no sé a qué hora vamos a entrar. Me da igual”. Se reía mucho. Terminó la mini-entrevista con un “pues nena, esto es lo que tú harías a mi edad”. No, María, no.

Pasó una pareja de mediana edad en coche, parada por la policía en una retención de subida junto al IFEJA. Les pregunté, me dijeron que estaban aterrorizados. Me señalaban a los menores que dormían, literalmente, tirados en la acera. “¿Dónde están las ambulancias? Les va a dar un coma, se van a matar”. Les di toda la razón.

Efectivamente, detrás de un niño menor borracho, hay padres enfadados con el mundo. Sin embargo, el festival no se hace cargo: hay una autorización firmada y los niños no han bebido dentro del establecimiento debido a su minoría de edad. No había excepciones. ¿La culpa? Tal vez sea demasiado pronto para ofrecerle a los menores la posibilidad de asistir a estos eventos. Cada cual con su opinión.

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Dellafuente y Maka recibieron mucho apoyo. Fotografía: Estéfano Serrano.

Sin embargo, estas minorías alcohólicas no ensombrecieron la fiesta: era la primera vez que Dellafuente & Maka actuaban en Jaén (y al parecer la última, después del comunicado de Dellafuente en redes sociales sobre la separación de ambos artistas en los directos a partir de ahora). Puedo decir que no he visto nunca tanta pasión por parte del público en un directo tan multitudinario. Unas 8.000 personas vibraban con temas como ‘Consentía’, ‘La vida es’ o ‘Donde nacen los dolores’. Llevando nuestra vecina Granada a las espaldas, Dellafuente se mostraba igual de agradecido que su compañero, que aprovecharon cada minuto de actuación para disfrutarlo, y eso se notaba fuera.

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Artistas de la talla de Raúl Alcázar, Luis Roca, Ikki y Denom, los jovencísimos Keymass y Bonche, Dasoul, Heren y Lara Taylor, Eyes of provindences, Wolfpack o Beauty Brain acompañaban a Carlos Jean, esperado con expectación, que también consiguió que Jaén se tambaleara con los saltos del público. El cierre pasadas las doce de la noche fue para Luis Muriel.

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Cada artista dio lo mejor de sí. Fotografía: Estéfano Serrano.

Lo de después del concierto era obvio: el domingo las redes sociales jiennenses amanecían llenas de fotos de lo que fue el botellón entre los olivos. Botellas, muchas botellas, y más bolsas de plástico. Muchísima suciedad. Los jóvenes comentaban: ‘pues que nos hubieran dejado utilizar el ferial’. Otros contestaban: ‘lo habríais ensuciado igual’.

Sin embargo, contra todo pronóstico y bajo la sorpresa de esta humilde redactora, la mañana siguiente, lunes, la organización del festival subió a Facebook el siguiente mensaje:

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En cualquier caso, un festival repleto de colores, música y esencia de la que le hace falta a Jaén: eventos, cultura, arte.

Parece que el año que viene repiten por tercera vez… Estaremos atentos.

 

 

Fotografía: Estéfano Serrano

Redacción: Mery Espinosa

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