Extremoduro y el valor de las noches

CRÓNICA del concierto de Extremoduro en el BEC! (Barakaldo)

Extremoduro durante un concierto de su gira ‘Para todos los públicos’. Fuente: rollingstone.es/

 

Sin los altibajos de una lluvia intermitente y una tarde de “sol, déjame en paz”, Extremoduro llegó de cancelar un concierto en Oviedo el día anterior (por diferencias técnicas entre lo que se establecía en el contrato y el acople real) con la seriedad que viene marcando la última década del grupo. Ya lejos del Somos unos animales y con la autoridad de mejor grupo de rock español – nada de risum teneatis-. Echan años y bordean la seriedad que avisa de un retraso de quince minutos para el comienzo del concierto porque hay gente que no ha entrado en la pista del BEC (Barakaldo).

De las vueltas que nos dio el amor y el recuerdo de “Buscando una luna” o la introducción a “Standby”, la fuerza del cambio en “Locura transitoria” o ese desvarío final (“¿Qué hace esta cabra fuera del rebaño? Vamos a tirarla desde el campanario”) que viene a hablarnos como otras veces de la estupidez humana, también de la vida, el grupo de alguien que tuvo que marchar de Extremadura para vivir de la música reconvierte lo cotidiano en algo entre lo vulgar y lo tierno. El descaro y la irreverencia camina por las palabras de un Robe Iniesta muy delgado que antes de acabar la primera parte del concierto dice “haced lo que queráis, pero que no os vean”. También por la patada de Iñaki Uoho al micrófono mientras recorre el escenario dando vueltas sobre sí mismo. 

Entre la dureza de los riffs y una escritura en torno a la presencia o la falta de otra persona; entre la crudeza vocal y el logro de una ronquera en el público. Incluso conseguir que buena parte guarde sus móviles y coja el momento. Extremoduro llega, hace olvidar lo de que hay que tener los pies en el suelo y sigue sin cambiar la percepción del público de ese autorretrato que pintó Robe hace tiempo: siguen los comentarios en torno a los descansos y ese “se estará metiendo”. El caso es que están en forma para comerse casi tres horas de concierto y llenar, vale de excusa a aquel que busque salir, beber, el rollo de siempre. Merece la pena por las tarde de sol, déjame en paz. También porque hay a quien le sobra el valor que le falta a mis noches.

Por Alberto Ramón Albertus.

 

 

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