Vetusta Morla alumbra la deriva en Málaga

Vetusta Morla rozan el 'sold out' en la sala más grande de España. // Fotografía por Laura Martín.

Vetusta Morla rozan el ‘sold out’ en la sala más grande de España. // Fotografía por Laura Martín.

Tardó en llegar su primer disco casi una década y el paso de los tres discos – sin contar  Los ríos de Alice– ha conseguido elevar el público y el valor del grupo, también de las entradas, que dejó de ser queja en la justa impresión a la salida. El pasado 23 de mayo, Vetusta Morla se presentó en la Sala París 15 (Málaga), la más grande de España, algo antes de las diez y media, tras  el bocado del grupo mexicano Zoé, extraño para el público, que no era exclusivamente malagueño.

Como una continuación de aquel “solo seremos libres cuando no haya más que perder” (“Saharabbey Road”,2008), en el que el público se desgañita a pie de pista, al motivo de la visita, La Deriva, por donde pasean los incendiarios (“Pirómanos”) y su “Fuego” – de las más celebradas del nuevo disco-, con la fogata de lo que podría considerarse fórmula lírica del grupo: recurrencia a la anáfora y lo antagónico. Aunque sin tarareo, que sería la otra recurrencia característica del grupo, también punto común de lo etiquetado como ‘indie’. También hay paisajes que relumbran, al compás de las luces, como ese acercamiento sencillo al synthpop en el “Tour de Francia”.

Pucho acaricia el micro y aparenta diseccionarlo, lo hace bien, da pasos atrás con movimientos calamitosos de pies y brazos y el panel luminoso, que está situado detrás de él, tiembla. A sus flancos, el “Indio” (batería), Baglietto (bajo), Jorge González (programaciones) y los guitarristas Galván y Latorre. El cuidado musical de los madrileños estampa la imagen del disco en directo y las palmas ajetrean o danzan, desde las primeras filas al extremo, con el licor bordeando.

La salida de un nuevo disco enfrenta a repensar el directo, desde el equipo técnico, “los trabajadores”, de los que habla Pucho – que tiene la misma mención que los componentes de la banda- a lo que seguramente trae más quebraderos de cabeza: la selección del setlist, criba necesaria incluida. Paseo prolongado por La Deriva, con trazos por “Copenhague”. Por “Los días raros” y ese baile del lazo en el ventilador, pero sin recordar a “Los buenos”.

|Alberto Ramón|

 

 

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