Anoche con Ángel Stanich

StanichCon Stanich aparecen parejas que supongo que están a punto de dejarlo. A la vez,  un joven con camisa a cuadros rojizos salta y el resto asiente golpeando el suelo con la pezuña, como el propio artista hace con el tacón en el tablao. En acústico, él y su guitarra en un “Arrímense a la valla” con la incertidumbre de despiezar y reconocer que las distancias no son insalvables.

La paleta del de Santader, al que incubaron en Valladolid los Arizona Baby, crece al descompás del público (menor en Málaga, apenas dos docenas de cabezas). Se intuye una timidez aliviada en una mirada que está envuelta en su propio pelaje, que acaba excarcelando el sudor. Cabe incluso mencionar a Manolo Caracol en sus canciones (“Mezcalito”).

Lo presentan en los medios con tchones de autor surrealista al que poco le gustan las entrevistas (y la manida comparación con Pla, Quique González y, espera, Dylan). Lo que ocurre en el rectángulo de la sala Vive le Rock de Málaga es que la gente lo pasa bien, con leves recuerdos de una congoja que sella “El Outsider” y rompen en “El río” con un tarareo al unísono.

Bordean a la guitarra las luces azules, y el indicio de quedarse amagando cruzar el telón. Entonces cuando no ha llegado un nuevo día llega “Metralleta Joe” y el público grita repetidamente “género fresco” como respuesta a “el tipo en quien confía el carnicero cuando quiere…”. Razones para confiar en Ángel Stanich.

|Alberto Ramón|

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