Sharif y Granada se enamoran

Sharif durante su concierto en Granada. // Fotografía por Andrea Martí Salas.

Sharif durante su concierto en Granada. // Fotografía por Andrea Martí Salas.

Granada recibió con frío pero con ilusión a la poesía. La recibió con crisis y exámenes universitarios –incluido el propio artista-. Pero la terminó abrazando con la emoción y la categoría que merece, dando el calor que todo poeta necesita para alumbrar el verso aunque lo haga en la más profunda soledad.

La Sala el Tren de Granada se vistió con sus mejores galas para estar a la altura del zaragozano Sharif Fernández. Brillaba su escenario con suelo de madera para que el artista tocara a las puertas del cielo ante aproximadamente quinientas personas que aunque no llenaron la sala, sí hicieron que el recinto ofreciera un gran aspecto.

Prescindiendo la organización del concierto de teloneros para calentar el ambiente, fue Lex Luthorz (DJ y productor de Sharif) el encargado de hacerlo cuando el telón aún no se había abierto. Una sesión muy variada plagada de rap americano tanto de la old school como de las nuevas generaciones pero con espacio para rap español como El Lehendakari de MDE Click o Caballito de Mar de Elio Toffana. El silencio repentino anunciaba arte y el ruido del público lo confirmó. Un público, por cierto, que de forma mayoritaria no superaba los veinte años con algunas excepciones  en el que el sector femenino tenía una presencia importante.

El telón abría por fin y daba a luz un escenario azul y mágico gracias a la iluminación y el humo. El universo de Sharif invitaba a entrar  justo antes de que él se dejase ver. Cargado de energía, el maño arrancaba el concierto con una introducción clásica en sus conciertos en la que aprovechaba para presentar a sus dos acompañantes: Lex Luthorz, ya en la mesa, y Alba, aún oculta. Posteriormente se presentarían varios temas de su nuevo trabajo, “Sobre los márgenes”. Entre ellos, Pan pal hambriento, Nada que perder o El grito en el suelo.

Sin embargo, Sharif daría un giro de tuerca al concierto para adentrarse en su pasado. Así, y acompañado por la increíble voz de Alba –dejando mudos a muchos de los espectadores que seguramente no lo esperaban-, recitó los versos de canciones de “A Ras de Sueño” y “Insomnios, Nostalgias y Descartes” como La Aduana del crecer, El exilio de mi folio, 30 monedas, Ese lugar, Testamento o Con la música a otra parte. Con alguna a capela inédita entre medias, Sharif también repasó sus colaboraciones más recientes, englobando ahí Tinta distinta, Carta a un amigo o Mi primera palabra.

No faltó un homenaje muy especial para la bautizada como Escuela del Viento. Se pudo escuchar a Violadores del Verso, Rapsusklei, Flowklorikos y Cloaka Company, que recibían las alabanzas en forma de coros del protagonista de la noche, mostrando auténtica veneración a sus maestros. A esa altura del concierto ya se podía comprobar la considerable fumada del artista, con ciertas dificultades en alguna letra. Pero de lo que no cabía duda, era que el concierto era para el público y para el propio Sharif, acompañado por los suyos. Su sentido del “esto por nosotros” descubre el carácter de un escritor que escribe para él en una primera parte, y para el público en una segunda. Una entrega incondicional y sincera, como pocas en el mundo del rap. También resultaba llamativa la forma en que Sharif devoraba el escenario. Dueño y señor del escenario, permitiéndose sentarse para prender uno de sus canutos y “cantando con furia” golpeando las ya catalogadas como puertas del cielo de la Sala el Tren, es decir, la madera de su tarima.

No obstante, Sharif quería llegar más lejos aún. Ahí sonaron el célebre Adán de Tres Monos o Playa sin mar. Para cerrar el concierto, Sharif volvió a “Sobre los márgenes”, con una curiosidad que el propio Sharif reveló momentos antes del concierto a MMAGAZINE. La primera canción en escribirse de “Sobre los Márgenes” tras sacar fue la más especial: 100 Frases. Por ello el artista quiso enlazar la última canción de “A Ras de Sueño”, Canela en Rama, con ese himno de siete minutos que a tantos ha maravillado, haciendo coincidir los versos perdidos del último tema del disco de 2010 con los primeros en escribirse del trabajo del 2013. Precisamente con el single que da nombre al disco encontró el poeta la dificultad de retomar la canción tras el estribillo. Sin la ayuda en primera instancia de su público, sería a la segunda cuando lograría acabar con éxito.

Para cerrar el concierto, un final anhelado por los tres artífices del espectáculo sobre el escenario. Credo despidió el concierto y a Sharif hasta otra visita con un mensaje de optimismo y fe en las personas. Justo lo que pretende defender el poeta en su trabajo. Los asistentes no sabían si cantar a coro, gritar, aplaudir o simplemente disfrutar en silencio cada verso. Pese a los intentos con el clásico “otra, otra” no hubo más repertorio.  Tras un concierto de dos horas, Granada pudo despedirse del ídolo y la poesía con un abrazo.

Escrito por José Ignacio Cejudo.

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