Marco Zamudio: el pintor del submundo

 “Somos tragados por la serpiente naranja”

“El andén de ouróboros”, de Marco Zamudio.

“El andén de ouróboros”, de Marco Zamudio.

Marco Zamudio estudió la licenciatura en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). La mayor influencia en la decisión de ingresar a esta escuela fue en la etapa de estudiante del Colegio de Ciencias  y Humanidades-Vallejo (CCH) en el taller de Expresión Gráfica con su profesor Jorge Albarrán.

La principal temática de sus obras pictóricas se dividen en dos: la muerte y la mujer.

Después de haber pintado su mural en la estación Insurgentes y el montaje de su exposición en las vitrinas del pasaje de Pino Suarez; en abril de 2009, las oficinas de Cultura del Sistema de Transporte Colectivo (STC-Metro de la Ciudad de México) lo invitaron al proyecto de pintar un mural en la estación de Tlatelolco, contando con el apoyo del personal del metro para montar éste (mural). El dinero para el patrocinio fue conseguido por el pintor.

¿Qué es “El andén de ouróboros”?

Se refiere al ciclo del trabajo inútil, de la historia que nunca termina o que vuelve a empezar: al día a día, al  bien y al mal, conviviendo en un submundo que para muchos de nosotros es el de siempre, somos tragados por la serpiente naranja, que nos transporta, que nos hace incluso soñar y hasta enamorarnos. 

¿Cómo se fue originando la idea del mural: la elección de personajes, los primeros bosquejos?

 Ouróboros  es la serpiente mitológica que se devora a sí misma.

Ambos murales, el de Insurgentes y Tlatelolco son homenajes al pasajero, al paseador, al paseante, al usuario, al soñador que viaja, envejece e incluso nace en el metro. La elección de los personajes tuvo que ver con muchos de los rostros que diariamente veo en el subterráneo, mil personajes podría haber pintado, pero tuve que representar incluso a Dios y no como deidad, sino como ente que nos teje y maneja dentro de ese mundo ya citado: el del metro.

¿Cuál es la descripción que le otorga a su mural?

Me  puse en el centro como un ser que aparenta salirse, no solo del mural sino de sí mismo, jugar incluso con la pared del lugar (por eso la sombra del tenis) y fue un reto hasta cierto punto experimental. Han criticado la proporción, pero lo que quise significar era precisamente eso, a veces nosotros mismos somos quienes nos tragamos unos a otros, aquí este personaje, hasta cierto punto alterado, desquiciado, pretende salir huyendo de su caos rutinario, el que lo tiene harto, pero también del que definitivamente ya no puede escapar. 

Hay dos escaleras, una que va al cielo, otra que va al infierno, eso es lo que somos en cuanto a pasión y a razón reflejadas  en este simbolismo: bajan las personas que hacen de su vida una mierda y entre-comillas, suben los que se creen el ejemplo de sociedad, sin embargo parece que todo es mentira. 

¿Cuál fue el objetivo del mural?

Es el acercamiento de la cultura hacia la gente. El arte puede ser urbano aunque no salgas a las calles.  El metro es urbano, por ende lo que se haga artísticamente ahí lo es, ya si los grafiteros quieren hacer la diferencia, está bien, que lo hagan, yo no tengo problemas con eso.

El lenguaje es más fácil en cuanto a la expresión y el reconocimiento, precisamente por el visual. Incluso no importa si no sabes leer, porque con ver sientes casi todo y lo público ya no es privado.

Es decir, ¿cómo usuarios del transporte público, al entrar al metro, nos adentramos a otros mundos donde para algunos resulta ficción porque no estamos ligados a esa realidad?

La ficción supera tanto a la realidad que incluso desearíamos que lo real no fuera tan monótona. Justo es eso México, asómate a la televisión,  al internet,  ahora hay realidades que antes podrían a verse catalogado como ficción, pero hoy son una desgraciada realidad

Desde la perspectiva de ciudadano y de artista, ¿qué es para usted el metro?

Lo describo como un submundo en tiempo real, de realidades, de olores, de necesidades; ese es el verdadero México, no el de Peña Nieto.

La rutina del metro es  todo lo contrario de la ilusión del viaje en tranvía de Buñuel. La visión de aquellos personajes hoy son más terribles, porque han sido moldeados por el terrible contraste social que hay en México y aunque el metro es ecléctico, aún hay mucho que reconocer.

El transporte público es un estómago que nos hace mierda, porque estamos tan inmersos en nuestras rutinas que olvidamos voltear a ver al otro que está al lado nuestro.

¿Cuál es su opinión acerca del arte del muralismo en México actualmente?

Definitivamente hay un resurgimiento de esta forma de expresar y cultivar en la sociedad y me alegra, pero hacen falta apoyos económicos, yo tuve muy poco apoyo. No me arrepiento de haber donado dos obras murales al pueblo de México. Si los critican o los maltratan ya no es mi problema, no se puede luchar contra la ignorancia de seres que se dedican hacer  más daño al pueblo, porque en lugar de aportar; restan.

¿Y el arte de manera general en nuestro país?

Hay mucha variedad y envidia, ese es un gran problema, porque se resta el apoyo a nuestros trabajos y de la difusión de los mismos.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Tercer mural en la estación Tlatelolco, si consigo el patrocinio, y una expo muy grande  con más de 18 obras sobre la vida y el sueño de una niña.

Texto por Mónica Vázquez (opinion_monvade@hotmail.com)

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